jueves, 14 de agosto de 2008

Música para estudiar gramática

Jebús es verbo, no sustantivo - RICARDO ARJONA (perdón!!!!) + Charly (Fillmore) with The Austins


Parole - LUCÍA GALÁN Y FERDIE DS


Verbos en juego- SILVIO RODRÍGUEZ Y LUDI MAGISTER


Assaltaram a gramática - GRUPO FUNCIONALISTA ISLÁMICO


Assaltaram a gramática Assassinaram a lógica /Meteram poesia na bagunça do dia-a-dia / Sequestraram a fonética Violentaram a métrica /Meteram poesia aonde devia e não devia / Lá vem opoeta com sua coroa de louros, Bertalha, agrião,pimentão, boldo... /O poeta é a pimenta do planeta!

Paralamas do Saussure

Sustantivos - ANNIE B


Noam Chomsky - GRAMÁTICOS DEGENERADOS


El poder de la oración - TRIBUTO A OFELIA K, "Oficialestructuralismo"


sin palabras

Hace unos años empecé con una suplencia en un Liceo en un tercer año en la materia educación cívica. Antes de presentarme se acercaron muchos colegas y preceptores que trabajan en otra escuela conmigo para manifestarme (y prevenirme) que “es un curso numeroso”,“los chicos son bravos”, “empezá pisando fuerte”,”no dejes espacios vacíos porque hablan y se distraen con facilidad, no dejes que te amilanen y te pasen por arriba…”, etc. Ante tal descripción el desafío me fascinó y pensé con que grupo-clase me encontraría y si era pertinente tomar en cuenta estos indicadores y recomendaciones dadas, sin duda , desde la buena fe de mis compañeros.

No sé si estoy sorprendido, indignado, indiferente; seguramente, me divertí y bastante leyendo un registro de este señor (por mantener el registro). Lo que sí, no puedo menos que “leerlo” desde la perspectiva de alumno, de haber sido -lamentablemente- su alumno. Lo leo y me van cerrando algunas cosas que antes me parecían inexplicables desde la perspectiva de persona (puede ser mucho para mí ese rótulo, pero, aunque sea en el escalón más bajo, sigo por encima). A ver:

“los chicos son bravos”: realmente no entiendo lo que esto significa, los chicos son chicos. Lo que puedo llegar a interpretar es que este tipo de comentarios son hechos por gente que ya está lo suficientemente alejada (generacionalmente hablando) del otro. Gente que ya no maneja los mismos códigos que el otro y que, en tanto que hay “otro”, se le teme, entonces: “empezá pisando fuerte” (¿qué frase más fea, no? ¿Qué son, gallinas?... en fin). “empezá pisando fuerte”, ¿pisando cabezas? “empezá pisando fuerte”, mejor que te tengan miedo y ”no dejes espacios vacíos porque hablan y se distraen con facilidad, no dejes que te amilanen y te pasen por arriba…”. Ojo, que si hablan pueden estar en desacuerdo, otras voces son peligrosas...

El jueves empezó la suplencia y antes de entrar la preceptora hizo poner de pié a los alumnos para saludar, había mucho bullicio y esperé el silencio para llevar a cabo esta tarea. Algunos ni se paraban, otros hablaban entre sí, entonces sentencié que cuando estuvieran parados y en silencio, los saludaría. Situación que se logró.

¿Quién se puede laurear de haber hecho parar a los alumnos, en perfecto silencio, para saludar? Ok, supongamos que no se vanagloria de eso, pero es relevante, ¿no? Es digno de poner en un registro.

A continuación empecé con el tema de la clase que era salud, con una exposición dialogada y confeccionando un cuadro sinóptico en el pizarrón, pero seguían dialogando y la participación era desordenada, por lo tanto suspendí la explicación y les propuse que levantaran la mano para participar y no hablaran entre ellos, porque lo que ocurriría es que la explicación no tendría sentido y por lo tanto cambiaríamos la dinámica de la clase.

El aviso de cambiar la “dinámica” es más un aviso patente de que no sirve. Era obvio, estaban interrumpiendo otra clase magistral... ¡esos revoltosos chicos de quince años no se daban cuenta de lo que se perdían! Por otro lado, conozco esas “exposiciones dialogadas” y me parece que hay un error de prefijo: “imposiciones monologadas” se ajusta más a lo que conozco yo.

Algunos levantaban la mano y otros seguían hablando entre sí, ante lo cual sentencié que ante dos interrupciones más suspendería la explicación y cambiaríamos la organización de la clase. Situación que ocurrió, ante lo cual dicté un trabajo práctico sobre el tema que estaba desarrollando y les propuse seguir con otro tema (el que se estaba tratando lo investigarían ellos para el próximo encuentro), que si se repetía el hecho, interrumpiría y cambiaríamos nuevamente la actividad de la clase.

El que avisa no es traidor. O al menos eso dicen, aunque también dicen que siempre hay una excepción que confirma la regla.

La clase siguió correctamente, pero algunos hablaban y yo los miraba de forma seria (y creo, sinceramente amenazante), ante lo cual un alumno (uno de los más ruidosos y desafiantes, que cuando firmaba el libro la preceptora me dijo que tuviera cuidado con él, que era uno de los más pesaditos) levantó la mano y me pidió hacer un comentario que nada tenía que ver con el tema salud y fue el siguiente: “profesor ud. necesita demostrar con estas actitudes demostrar su autoridad ante nosotros”. En la inmediatez de la clase (paradigma ecológico) respondí: “No hay nada que demostrar, yo tengo una autoridad que emana de un poder que me otorga ser profesor y que implica con uds. una relación desigual y asimétrica, ya que no ocupamos el mismo lugar ya que yo estoy aquí para enseñarles y uds. para aprender…” Ante tal respuesta el alumno respondió que era sólo para saber , pregunté a todos si quedaba claro mi planteo y entonces continuamos con la clase.

¿“Correctamente”? ¿hay una forma correcta de clase? No lo sabía. ¿qué significa que una clase siga “correctamente”?

¿Cómo se puede tener cuidado de un alumno? “es pesadito”: ¿qué significa eso, que es “rellenito”? lo que sí es, es un tipo bastante despierto que pescó la onda de una y no solo eso, te las cantó sin pelos en la lengua, hoyo en uno. Ese discurso lo escuche, creo, mil veces: esa cantinela formada de pedantería y palabras difíciles para demostrar la relación asimétrica: “no soy como uds; Yo, el poseedor de la llave maestra de su futuro, vengo a entregarles la salvación empacada en un discurso soberbio y unidireccionado y uds, último escalón de la cadena evolutiva -por debajo de los primates- están aquí para ver si pueden salir de ese estado de ignorancia supina en el que se regodean como cerdos en el chiquero, a través de mis clases magistrales; ¿queda claro mi planteo?”

El resto se los ahorro, no tiene sentido. Las reflexiones son como cascotazos a un barril: al pedo. Al pedo porque no pasan de una oportunidad de decir “miren todo lo que lei”, “hice un postitulo en la conch%#@&<”, etc.

Lo que no se pregunta es si tiene la autoridad moral para pararse enfrente de una clase, para educar (el significado que eso tenga). Y, como alumno, puedo decir sin miedo a equivocarme: no la tiene.

Escribió: Agustín. Adhiero.

miércoles, 13 de agosto de 2008

El escudo

Aquí, el resultado de la última encuesta. De la opinión pública, Jesica ha hecho un .ppt maravilloso, que con sangre, sudor, lágrimas, eructos y otras muchas heces (no de las que se comen), hemos conseguido subir al bló para vuestro deleite:

martes, 12 de agosto de 2008

Gran fiesta Gran

El bló llegó a las 3000 visitas, y como superó tres mil veces nuestras expectativas, tiramos la casa por una ventana emergente. Acá pegamos las pocas fotos que el estado de ebriedad en el que estábamos nos permitió sacar:

De izquierda a derecha: la pocha, la Marta, el bló en persona, un señor al que le gustaba posar para la foto, el tío y el señor que servía la bebida, muerto de espanto. La torta estaba buenísima, aunque no tanto como los ananaes con espadas.

Acá estamos en el clásico carnaval carioca: muchas bananas de plástico y maracas, y, también, mucho cotillón. Si alguien encontró los dientes de la tía, por favor, mande un mail.







Acá ya estábamos bien reventados, jugando a apoyar a la tía, que se ve en primer plano, todavía con su dentadura intacta. El señor de anteojos que se ve con ella falleció minutos después de la fiesta: nuestros saludos a su familia.

jueves, 7 de agosto de 2008

recatate´, che... hablá bien

sábado, 2 de agosto de 2008

Cuento

Necrológicas

El viejo

El sol invernal entra por la persiana abierta, cálido. El polvo flota como los recuerdos, suave y acompasado. La habitación no es chica, tampoco grande: es lo que debe ser para un viejo como vos, una casa de una pieza, un sótano en la casa de tus hijos, tal vez testigo de lo que les diste. Acá estamos los dos, separados por una mesa redonda y vieja, en silencio. Me mirás como si no me conocieras, pero de a poco te vas dando cuenta de quien soy, y mi sonrisa es como una foto que te hace hurgar en esa memoria dispareja; y me reconocés. Inclino la cabeza en ese gesto de saludo tan campestre y conocido; y a vos te toca sonreir esta vez. Empieza la conversación con el temblequeo de tu mandíbula. Que no te sorprendas de verme me tranquiliza, y que me reconozcas me alegra, porque significa que estás preparado para charlar un rato, preparado para hacer ese viaje tan largo en una charla, esperando a que ella venga. Ya tus piernas no dan como para hacerlo verdaderamente, de cara a la aventura como antes.
Entonces empezamos por el Chaco, por la vez que te escondiste a mascar tabaco con tus hermanos. ¿Cuántos eran? ¿once, no? Sí, once; pero la memoria no te alcanza para nombrarlos a todos en orden y los vas poniendo arriba de la mesa desordenados como si fueran esas cartas grasientas con las que juntabas escoba: Jaime, Moisés, Jacobo, Saúl, Abraham, la laguna y el golpe de los dedos en la mesa con los ojos hacia adentro, jugueteando con el bastón de fierro burdo y gris, buscándolos…Jaime, Abraham, Saúl, Jacobo, Benjamín -ahí llegó otro-, Raquel, Julio, Salomón, Sara, Aarón y Miguel. Ahí están todos. Y tu papá, el rabino; ¡qué severo que era! ¡Cómo me curtió a lonjazos el día que te quedaste con el vuelto de las pieles! Era bravo papá, era bravo. Te quedás callado, pensando, saboreando cada golpe ya indoloro. Lo mismo que la caída de aquel potro diabólico que te revolcó por todos los pastizales la chacra. Sí, nos reímos unos cuantos días. ¿Y cuando nos íbamos a cazar al monte? Yo me quedaba comiendo sandías mientras ustedes gastaban perdigones en cualquier cosa, y me guardaba las semillas de las más dulces para plantarlas en casa. ¿Estás cansado, no? Tengo que ir al baño, nada más. Tu cintura se contrae rítmicamente, como un reloj al que se le acaba la cuerda, pareces no notarlo y no hace falta decirlo. Seguimos por tu época de colectivero que, y es extraño, hasta ahí llega la memoria nítida. De la vez que llevaste a Libertad Lamarque, de Rosario hasta Córdoba, qué recorrido interminable: trescientos kilómetros entrando en cada pueblito… O la vez que le peleaste y, al fin, le sacaste al turco el uniforme de los choferes cuando él te quería dar guardapolvos; ¡ni que fueran pintores!
Y después pasan rápido los chicos, la fábrica de lavandina, la tarde, Dorita, la venida a la capital, enviudar, el negocio de las bolsitas, Clara, los nietos, la separación, los bisnietos, el retiro, y esto: este cuarto en el que la vida pasa a oscuras y los recuerdos flotan como el polvo. Y ella que está atrás tuyo; sí, ya llegó. Te tranquilizás al verla, te alegrás al reconocerla. Primero me voy yo. No, no hacen falta, están de más; nos vemos. Después, de la mano, te vas con ella y parecés un chico: preguntandole por Julio, Abraham, Jacobo, Dorita, por todos. Ella que te sonríe, muda, pero ni la ves.
Y se queda, solo y frío el bastón entre tus piernas.

viernes, 1 de agosto de 2008

Las metamorfosis

Me lleva lleva el ánimo a decir las mutadas formas
a nuevos cuerpos: dioses, estas empresas mías –pues vosotros los mutasteis–
aspirad, y, desde el primer origen del cosmos
hasta mis tiempos, perpetuo desarrollad mi poema...